Kombucha - Un regalo celestial.

Actualizado: jun 18



Para mi la Kombucha, al igual que todos los otros super alimentos de los que hablo, es una especie de “Maná”, un alimento salvador y sanador que existe desde hace cientos, tal vez miles de años y que se gestó en forma natural o más bien milagrosa y que fue probado tal vez por primera vez por un hombre sediento en las montañas, o incluso moribundo, y que probablemente detestó el sabor agrio o ya avinagrado de este líquido, pero que sin embargo salvó su vida, y luego se dió cuenta que le hizo bien para otras cosas, y lo siguió bebiendo y recreando por mucho tiempo y luego le traspasó la información y receta a sus hijos, nietos y miles de años después en todo el planeta ha ayudado y tal vez salvado la vida a miles de personas.


Y si dejo a mi gran imaginación volar aún más allá, así como en la historia bíblica el Maná caía del cielo todas las mañanas para alimentar a los israelitas perdidos en el desierto tras el éxodo, puedo también imaginar ángeles entregando Kombucha, Kefir, quesos, masa madre, charqui, miel, diversos fermentos he incluso los primero tipos de vino a seres que en algún momento estuvieron en necesidad o al borde de la muerte por inanición pero que clamaron al cielo por ayuda y recibieron estos regalos celestiales y fueron salvados….. Y para mi, eso son, regalos celestiales. Porque díganme una cosa, ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría dejar un té con azúcar fermentando por diez días y luego al ver que le aparece una especie de hongo alienígena flotando en su interior, beberlo para ver si es bueno o no?... O sea… yo ni loco, y en tiempos antiguos creo que la gente tampoco lo hubiese hecho a menos de encontrarse en una situación extrema como la que describí en un comienzo.


Bueno, ahora que les conté mi creencia muy personal respecto al origen de estos alimentos, pueden ustedes quedársela o investigar otras teorías al respecto. Por el momento, ahora concentrémonos un poco más en la kombu.


Entonces, este señor que estuvo al punto de morir deshidratado, se bebió el jarro con la kombu que encontró en un refugio abandonado en la montaña, estaba agria y super fermentada, pero él se la bebió como si se tratase de un Gin Tonic con hielo una tarde de verano, la encontró una delicia y agradeció al cielo, sin darse cuenta que un angelito lo observaba con complacencia desde la distancia escondido tras unas rocas.


Cuando el hombre se sintió mejor y recuperado después de un buen descanso, se levantó para retomar su ruta y terminar de cruzar la montaña, ya le faltaba mucho menos para llegar a su hogar. El ángel al verlo retomar su ruta, entró en pánico y sin pensarlo dos veces, susurró al viento “No olvides tu Kombuuuuuuuu…..”, el hombre se detuvo y sintió que su cuerpo se estremecía al verse envuelto en una brisa fresca de la montaña, se le erizaron los pelos de la piel, respiró profundo y recordó el jarro de arcilla con el líquido agrio que había salvado su vida, regresó a buscarlo y vio que solo quedaba un poco del líquido y una especie de planta flotando en él, colgó el jarro en su mochila o como se llamase lo que usaban en esos tiempos, y continuó su marcha en dirección a su pueblo.


El ángel, al ver que su misión de rescate había sido todo un éxito se sintió feliz y regresó al cielo. Ya una vez en sus dominios celestiales, el ángel tomó su computadora portátil y comenzó a escribir algunas recetas que tendría que enviar al peregrino que salvó en las montañas, para ayudarle con los problemas de salud que aquejaban a su pueblo, y que el ángel sabía que más tarde aquejarían a toda la humanidad. Sin embargo, en esa época, hace miles de años, aún no existía el internet ni el Wifi en la tierra, por lo tanto el ángel no podía enviar al peregrino un correo electrónico con las instrucciones para preparar la Kombu, entonces, esto le planteó un desafío. El ángel se dio cuenta que tendría que regresar a la tierra y buscar una forma de entregar esta información al peregrino.


Cuando el peregrino llegó finalmente a su pueblo, su familia estaba feliz, ya lo daban por muerto después de tanta demora en cruzar las montañas, él les contó del milagro de la bebida agria que no solo le había salvado la vida, sino que también le había dado la energía suficiente para cruzar la montaña, y que había traído los restos de la bebida para ver si era posible replicarla.


La esposa del peregrino, los padres y los abuelos bebieron un poco de la bebida, pero nadie supo decir qué podría ser, no sabía a nada que ellos conocieran. El hombre, un tanto desconcertado, se quedó observando aquella especie de planta viscosa en fondo del jarro de arcilla y le preguntó ¿Qué eres?. Salvaste mi vida y ahora me corresponde salvar la tuya. Así que el peregrino puso un poco de agua fresca en el jarro y lo dejó sobre una mesa. Luego ya rendido por el cansancio fue a dormir.


A estas alturas de la historia, si es que aún sigue usted leyendo, se preguntará ¿Por qué me refiero al protagonista como el “Peregrino”. Bueno, si usted llegó a mi sitio en busca de sanación para alguna enfermedad o para aprender sobre alimentos saludables, alguna idea debe ya tener… o no?.... tibio tibio….. Bueno, si aún no la tiene, sírvase un vaso de kombu bien fría o si es invierno, prepárese un té de jengibre caliente, cúbrase con una mantita y siga leyendo, que esto se empieza a poner bueno bueno.


En aquellos tiempos remotos hace 2,500 años aproximadamente, en las montañas tibetanas o por ahí en algún lugar de asia oriental, no existían medicinas ni médicos, solo sanadores y yerbateros que si bien conocían mucho de naturopatía porque era la forma de sanación originaria en el mundo, no siempre contaban con todos los conocimientos o todas las hierbas necesarias para sanar una enfermedad, muchas veces incluso no sabían de qué enfermedades se trataba ni mucho menos cómo tratarlas. En aquellos casos cuando el sanador, muchas veces monjes, no encontraban forma de ayudar al enfermo, el paso siguiente era enviar al enfermo a una peregrinación a algún santuario sagrado y encomendarse a los dioses. Y en realidad, si lo piensas un poco, esto no ha cambiado mucho con la medicina moderna y para muchas de las enfermedades que hoy quitan la vida a las personas, el último recurso es la fé en que el mismo cielo nos brinde una nueva oportunidad.


Ahora si ?


Bueno. Fue entonces que nuestro peregrino ya venía de regreso de su peregrinación (qué otra cosa si no?) al “Monte Sagrado de los Dioses del Más Allá”, que fue donde lo enviaron los monjes al darse cuenta que el hombre tenía una enfermedad a la piel, muy similar a la lepra y que no estaba sanado con las hierbas y el tratamiento que le proveían.


Luego de varios días rezando y meditando en el monte, el hombre sintió que sus plegarias habían sido suficientemente fuertes y se comprometió con los Dioses a ayudar a otros enfermos por el resto de su vida si es que su enfermedad era sanada. Entonces, sintiéndose agradecido, emprendió el rumbo de regreso a su pueblo. En su última parada a orillas de un río, antes de emprender el cruce de montaña, el hombre, llenó su bolsa de agua, que no era más que un vientre de vaca zurcido, y comenzó la larga caminata de varios días para regresar a casa.


Luego de dos días subiendo, cuando el cansancio ya se manifestaba, en un descuido, el peregrino tropezó con unas piedras, resbaló y el bolso de agua se pinchó con un espino, el peregrino alcanzó a doblar la bolsa para no perder toda el agua, pero no le quedó lo suficiente para regresar o para terminar el cruce de la montaña, mirando al cielo una vez más, dijo “Si me han escuchado y me han bendecido con mi sanación, entonces confío en ustedes para lograr llegar a casa con el agua que me queda, de lo contrario, por favor cuidad de mis seres queridos y de mi alma cuando se me vaya la vida!” El peregrino se levantó y siguió su camino.


En el cielo, uno de los arcángeles, frunció el ceño y dijo “Oigan… esto no me cuadra, el Jefe aprobó la sanación del peregrino, por qué razón perdió su agua y ahora está en riesgo mortal??”... Los demás ángeles en la sala se miraron perplejos, eso no era parte del plan, el peregrino ya había sufrido lo suficiente y estaba listo para su misión.


“Yo creo que fue un oscuro que se entrometió y le hizo una zancadilla!” exclamó un de los angeles … Los demás ángeles soltaron una carcajada, pero el arcángel lo miró seriamente y le dijo “Entonces, será tu nueva misión velar para que el peregrino llegue vivo a su hogar y complete su misión !!” Deberás encargarte de él, de su vida y de entregarle las herramientas suficientes para que cumpla su objetivo. Aún más, tendrás la misión de velar por todos los seres humanos quienes sigan su mismo camino por el resto de los tiempos, hasta que los humanos despierten y no necesiten más ser sanados.


El ángel se sintió enormemente honrado y feliz de la nueva misión que se le acababa de encomendar. Agradeció al arcángel por su nueva asignación y raudamente bajó a la tierra para ayudar al peregrino, cuya agua ya se había terminado y caminaba con dificultad sabiendo que aún faltaban varios días de viaje para cruzar la montaña.


Ya solo le faltaban pocos metros para llegar a la zona más alta y poder emprender el descenso hacia su pueblo, sin embargo, el cansancio ya lo sobrepasaba, la sed y el hambre era más de lo que podía soportar y la visión ya se le nublaba y a ratos sentía perder el conocimiento.


Tras unos metros más, al girar tras unas grandes rocas, el peregrino pudo divisar un pequeño refugio de piedra, y creyendo que sus ojos lo engañaban estaba seguro de haber visto una figura humana.

“Gracias queridos Dioses!” pensó y caminó lo más rápido que pudo exclamando por ayuda.

Al llegar, sólo encontró un refugio vacío con algunos taburetes de madera y una jarra de arcilla en el suelo, sin siquiera pensarlo al ver algo líquido dentro de la jarra la bebió y cayó rendido al suelo donde durmió lo suficiente para que su cuerpo se recuperara.


A poca distancia, el ángel observó la escena con satisfacción y se quedó cuidando al peregrino durante casi dos días, hasta que finalmente despertó.


El peregrino lentamente abrió los ojos pensando que había muerto y se encontraba en el cielo, poco a poco comenzó a ver la nubes en el cielo y a sentir la brisa cálida y primaveral de la montaña. Cuando se dio cuenta que no estaba muerto, sino tendido en el suelo y sintiéndose mucho mejor, se sentó lentamente, revisó sus manos, su cuerpo y el entorno, sintió que era un día hermoso y agradeció a los dioses por haber salvado su vida una vez más. No tenía conciencia de cuánto tiempo había estado dormido, pero sí podía sentir su cuerpo más aliviando y descansando. Ya quedaba mucho menos camino para regresar a casa, así que se puso de pie, sacudió su ropa y prontamente se puso en camino.


A pocos pasos, sintió que la brisa de la montaña le susurraba, miró hacia atrás y solo vio el lugar donde descansó y la jarra de arcilla que había salvado su vida. Volvió por ella, miró fijamente en su interior, quedaba aún bastante líquido y esa especie de planta flotando en su interior. El peregrino supo que eso había sido un regalo de los dioses para salvar su vida, pero no tenía la menor idea de qué se trataba, entonces pensó que un regalo así se debe cuidar y atesorar, por lo que cogió la jarra, la envolvió en un cuero, la colgó en su morral y comenzó nuevamente el camino a casa.


Algunos días después de la llegada de peregrino a su pueblo, una vez ya recuperado de su viaje, este tomó la jarra de arcilla con lo que quedaba del líquido y se dirigió al templo de los monjes que le habían enviado a peregrinar. Al llegar al templo, contó su extraordinaria aventura a los monjes y cómo aquel regalo celestial había salvado su vida. Los monjes estaban realmente perplejos al ver que el peregrino había sanado completamente de sus heridas en la piel y aún más intrigados con el líquido agrio con el que los dioses le habían ayudado a sobrevivir el cruce de la montaña.


Varios monjes probaron el líquido y observaron la planta que flotaba en su interior sin tener la menor idea de lo que se podía tratar. Después de una larga discusión, el monje maestro les dijo; “Si este es un regalo de la divinidad y es la misión del peregrino ayudar a otros, entonce, debemos entrar en meditación para que la divinidad nos explique su significado”. Y así, el peregrino y varios de los monjes entraron en un profundo estado de meditación para conectar con la divinidad.


El ángel de la kombu que ahora se había transformado en el ángel de la guarda del peregrino se puso muy contento ya que esto simplificaría la forma de entregar la información al peregrino, sin embargo había un gran problema, para que el peregrino pudiese replicar el líquido sagrado necesitaría al menos azúcar y té negro, pero por aquel entonces, esos elementos aún estaban a siglos de llegar a estar disponibles por esos remotos lugares, así es que te tocaría improvisar un poco, después de todo, sabía que su misión duraría varios milenios terrestres.


Así es que una vez que el peregrino y los monjes estaban en profunda meditación y conectados con la luz, el ángel fácilmente les pudo hacer llegar las imágenes del proceso para elaborar la kombucha, sin embargo, hubo algunas modificaciones, en vez de azúcar tendrían que usar miel y en vez de té negro tendrían que usar té verde, algo que solo los monjes tenían y atesoraban.


Al volver de la meditación, los monjes y el peregrino se miraron mutuamente, estaban aún en un estado profundo de devoción y agradecimiento por la gran revelación que les había sido entregada. El té verde que era utilizado sólo para ceremonias muy específicas, era un en un elixir que los monjes guardaban celosamente ya que solo les llegaba en poca cantidad y distanciadamente por monjes viajeros que traían noticias y novedades desde otros pueblos remotos. Sin embargo, el ángel que sabía de esta situación, también les envió imágenes del té fluyendo con mayor regularidad.


Al descubrir el origen divino de esta receta, al peregrino no le quedó más que volverse monje y dedicar su vida a la preparación, enseñanza y sanación de esta bebida. Como sus componentes eran distintos al original y la bebida oscura pasó a ser de un color verdoso amarillo con el tiempo fue llamada “Jun”, siglos más tarde volvería a ser “Kombucha” de té negro y azúcar de caña o remolacha.


Los “Monjes del Jun” comenzaron a usar esta bebida sagrada en ellos mismos y luego en la medida que se reproducía tenían más cantidades comenzaron a compartirla con los enfermos y las personas de los pueblos que necesitaba sanar.


El monje peregrino una vez que ya se había vuelto experto en su preparación, comenzó a viajar de templo en templo enseñando la historia y preparación del brebaje.


Así pasaron los años y los siglos y el uso del Jun y luego la Kombucha se empezó a expandir desde Asia al occidente, en la medida que el azúcar y el té se volvían más disponibles, los monjes entregaron los scobys (Hongo Tibetano por aquel entonces) a la gente y las familias incorporaron esta bebida en sus dietas.


El uso de la kombucha se expandió por todo el mundo hasta mediados del siglo XIX, muchas familias la consumían como una bebida corriente sin saber ni conocer nada de su origen divino. El ángel de la Kombucha había logrado su misión y después de más de 2.500 años pudo volver al cielo y asumir una nueva tarea.


Después de la segunda guerra mundial, con el advenimiento de la era industrial y la producción masiva de refrescos y bebidas endulzadas, la kombucha comenzó a perderse lentamente, la gente olvidó sus beneficios para la salud y prefirieron optar por la simpleza de la coca-cola, el té y café instantáneos ya que estos no requerían ningún esfuerzo ni tiempo en su preparación.


Ya en los inicios del siglo XX, la Kombucha estaba casi extinguida en la mayor parte del mundo occidental y solo había quedado relegada a grupos naturistas y espirituales que la seguían utilizando como una bebida medicinal.


Los efectos adversos de la dieta moderna, alta en azúcares, grasas, carbohidratos y elementos químicos comenzaron a generar graves daños en la salud de las personas, las enfermedades crónicas autoinmunes y el cáncer comenzaron un espiral de ascenso exponencial del cual la medicina moderna y las empresas farmacológicas en vez de ayudar a sanar, aprovecharon para crear drogas y procedimientos ficticios para generar ganancias inimaginables a costa del dolor y sufrimiento de los seres humanos.


El ángel de la Kombucha con mucho pesar vió como su trabajo de miles de años había sido casi destruido en unas pocas décadas. Abrumado y triste fue a conversar con el Arcangel Rafael, arcangel de la sanación, para pedir su guía y ver cómo ayudar a los seres humanos una vez más.


El Arcangel lo miró dulcemente y le dijo “No os preocupeis, los humanos están entrando en un periodo de luz, y aunque la situación hoy se ve un tanto crítica y desesperanzada, ellos pronto comenzarán a despertar de un largo sueño”, luego añadió; “Ve una vez más a la tierra, trabaja con aquellos grupos que aún se alimentan saludablemente, inspira libros y textos que fluyan por la red, usa la tecnología actual para llegar a millones de personas…. para que vuelvan a alimentarse bien.. para que sanen sus cuerpos desde adentro hacia afuera….. Ve… y ayúdales a despertar”


Y así, el ángel de la Kombucha volvió a la tierra a trabajar con grupo de personas a expandir la información no solo de la Kombucha, si no de todos los alimentos divinos que fueron entregados al ser humano en diversos momentos de nuestra existencia.


Si hoy tienes en tu casa un Scoby y bebes Kombucha o Jun, consumes fermentados, pan de masa madre, kefir, tíbicos u otros productos naturales, significa que probablemente has estado enfermo al igual que el peregrino original, has pedido ayuda al cielo, y has recibido no solo una respuesta, sino las bendiciones de los Dioses y la visita del Ángel de la Kombucha.


Prepara y consume estos alimentos con respeto y devoción, compártelos con tu familia y tus amigos, sana tu cuerpo desde adentro….. vive en armonía con la naturaleza ….


DESPIERTA !!



Nota: Esta historia es una ficción, o tal vez no, puede que hayan inexactitudes históricas, sin embargo fue entregada a mí en un sueño, y al igual que el peregrino protagonista, me comprometí a compartirla. Espero la hayas disfrutado.


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